lunes, 8 de junio de 2015

La luz infame

La imagen podría ser bella. Una luz rompiendo la oscuridad imperfecta de la noche urbana, recordando la fogata ancestral a cuyo abrigo surgieron el hacha de mano y la filosofía.
La imagen podría ser bella, pero no lo es. Y es que la oscuridad se ha trizado, pero herida por la luz infame de libros ardiendo. 
En La Serena, la ciudad donde vivo, se incendió una casa patrimonial de mediados del siglo XIX. En uno de sus rincones estaba la librería de la Universidad de La Serena, y en otro estaba el salón donde presenté Amarilis, mi primera novela. Nada queda ahora. Se quemó, al parecer por negligencia humana. Y otra vez el espectáculo perturbador de libros ardiendo. Como los cristianos de Teófilo y luego los musulmanes de Omar quemando la Biblioteca de Alejandría por razones opuestas e idénticas: por amor al dios verdadero, como los nazis quemando libros de autores judíos en cruel ensayo de lo que serían después hogueras humanas, como los milicos de las dictaduras argentina y chilena quemando libros que su escasa inteligencia les sugería peligrosos a partir del título o el color de la tapa. 
La imagen de libros ardiendo, sea por maldad declarada o negligencia casual (dos formas de la ignorancia, quisiéramos creer) ofende, agrede; sea una biblioteca que guardaba el conocimiento de la humanidad entera o una sencilla librería de provincia. Esta librería no era la biblioteca de Alejandría, pero allí te recibían con amabilidad Alejandro y Flor María, editor y secretaria. Allí convivían en santa paz -como en el tango Cambalache- el genio singular de Auster y la vergüenza ajena de Coelho, las novelas de los escritores del boom -vigentes hace medio siglo- y los indigentes libracos de auto-ayuda, olvidables al día siguiente de nacer. 
Detrás de la librería, en el almacén, estaban los ejemplares no vendidos de Amarilis, que tuvo una tirada de 500. Mis estudiantes comentaban, con negro humor heredado, que entonces se quemaron 490. Da igual, se quemó todo. Pero la respuesta frente a esas tragedias ha sido siempre la misma: reconstruir, volver a armar las cuatro paredes y cincuenta estantes que habrán de acoger el conocimiento y la imaginación de tiempos pasados y presentes. Así lo hizo Ricardo Palma, que fue puerta por puerta mendigando libros para rearmar la Biblioteca Nacional del Perú, saqueada por el ejército de ocupación chileno. Así lo hicieron antes los bibliotecarios de Alejandría que no fueron asesinados por las hordas fanáticas de religiones infalibles. Así, quisiéramos imaginar, aunque no lo dice Umberto Eco, lo haría el joven Adso en el monasterio benedictino de El Nombre de la Rosa tras el incendio en el que se consumieron los peligrosos textos de comedia de Aristóteles (la risa invoca al demonio). 
No hace falta ser bibliófilo, escritor, librero o bibliotecario para que se apriete el pecho al contemplar libros ardiendo. Hace falta apenas ser humano, porque ese triste espectáculo maltrata una fibra esencial de lo que nos hizo (y ojalá todavía nos siga haciendo) humanidad. En este sentimiento de duelo y de terca persistencia, quiero recordar los dos tercetos del soneto de Quevedo:

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, 
Venas, que humor a tanto fuego han dado, 
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado; 
Serán ceniza, mas tendrá sentido; 
Polvo serán, mas polvo enamorado.


sábado, 18 de abril de 2015

Cuando los futbolistas eran hombres

Yo le caía mal a Luis Cruzado, y él me caía mal a mí. Había razones para esa antipatía. Yo era un jugador del seleccionado de fútbol sub-16 y él, uno de los entrenadores, maldecía que mi padre -al lado de la cancha- diera instrucciones técnicas, pasando por encima de la autoridad de los entrenadores. A mí me desagradaba que Cruzado nos puteara tanto, parecía estar siempre de mal humor, irritado, a lo mejor sufría de hipertensión o alguna alteración hepática. No éramos niños de coro parroquial, es cierto, pero no entendía por qué nos gritaba con tanta rabia cuando cometíamos un error de fundamento, como evitar patear con la pierna menos hábil (a mí -zurdo de padre y madre- me atormentaba porque mi disparo de derecha parecía de niño de coro parroquial). Por todo eso, adiviné malas noticias cuando, a poco de viajar a Cochabamba a un cuadrangular amistoso, cambiaron al entrenador responsable por Luis Cruzado. Para el anterior entrenador yo era titular fijo, recuerdo claramente cuando nos llamó a un lado a Puchungo Yáñez (el 10, jugaría años después Copa América) y a mí (el 9) y nos dijo que éramos su base para el ataque. No me sorprendió que una de las primeras decisiones de Cruzado fuera mandarme a calentar la banca de suplentes, y así estaban las cosas cuando aterrizamos en Cochabamba. Allí quedé sorprendido por la belleza de las cochabambinas, la locura de la hiperinflación (los precios subían de la mañana a la tarde) y el soroche (la altura me afectaba mucho). Si en el llano yo corría como carterista, en la altura corría como la dueña de la cartera. Años después seguiría sufriendo el mal de altura cada vez que visitara -ya como científico- La Paz o Cusco.

Primer partido: Palmeiras de Brasil. Como yo era suplente, me tocó desfilar en la inauguración (foto abajo). El sueño de todo futbolista: pasar frente a una tribuna poblada de gente que mira para otro lado. Pero vamos al fútbol, que es lo que importa. Perdíamos 1-0 y al entretiempo Cruzado decidió que entrara por el muchacho al que él le había dado la titularidad a mi pesar. Este muchacho era muy hábil para peinarse y para enamorar a las cochabambinas, pero en el juego era irrelevante. En la charla previa Cruzado me insistió en la entrega, en darlo todo, y entonces creí comprender su reticencia conmigo. Tal vez creía que por ser de los “blanquitos” no iba a poner huevos como se debía. Estaba equivocado, yo siempre tuve claro lo que había que hacer. MI primera jugada fue una pelota dividida con el defensa central de ellos, que medía más de 1.90. Le metí flor de planchazo y Frankenstein (así lo apodamos los días previos, pues compartíamos hotel con los brasileños) rodó por el suelo gritando, y yo me gané tarjeta amarilla. Recibí gritos de apoyo desde la banca y eso me motivó más, pero el mismo Cruzado me gritó que me tranquilizara. Finalmente les volteamos el partido y yo jugué bien, participando bastante del juego y ridiculizando a Frankenstein un par de veces. Eso sí, terminé más cansado que caballo de bandido. Cruzado me recibió con un apretado abrazo que me emocionó. Esa noche entró a mi habitación y me dijo que pensaba ponerme de titular en el segundo partido, contra los locales, pero le preocupaba mi estado físico. Acordamos que volvería a entrar en el segundo tiempo, que era cuando se definían las cosas.


Segundo partido: Enrique Happ de Cochabamba. El campeonato era sub-16, pero al parecer a estos muchachos les cantaban cumpleaños feliz cada dos años, o tenían mal oído y escucharon sub-26. El caso es que varios de ellos eran claramente adultos, en la foto del equipo aparece un bebé que supongo era el hijo menor del arquero. Si a esa ventaja le sumamos el tema de la altura, tal vez se entenderá que perdiéramos 3-0. Más se entenderá al saber que el árbitro era descaradamente localista y nos expulsó a un jugador injustamente. Como ya perdíamos 2-0 al primer tiempo, Cruzado me hizo entrar antes de lo acordado, pero nada cambió. Solamente pude cambiar algunos golpes con los añosos rivales, saliendo con la nariz sangrante al final del partido. Una nota del diario local comentaba la “violencia” de los jugadores foráneos; claro, no tomábamos de la mejor manera el hecho de jugar contra 12. Volvimos del estadio cantando en el bus, igual que a la ida, pero al mismo tiempo llorábamos de rabia, como los niños que todavía éramos. Así que mi cara era una postal de la frase de Churchill: sangre, sudor y lágrimas.



Tercer partido: Argentinos Juniors. En ese equipo jugaba Diego Cagna, que después ganó todo con el Boca de Bianchi, pero la estrella era Christian Trapazzo, un puntero desequilibrante que fue elegido el mejor jugador del campeonato. Hicimos algo de amistad, intercambiando camisetas y hablando mal de los brasileños. Jugó como profesional en Argentinos Juniors y en México, pero no llegó tan lejos como prometía en divisiones inferiores. Yo pude seguir desde lejos su carrera y me apenó mucho saber que murió a los 30 años, de un ataque cardíaco. Sigamos. Ese tercer partido, ya adaptado a la altura, lo jugué completo, por eso aparezco en la foto de la formación antes de comenzar (arriba), con la actitud gallarda y combativa del que defiende los colores de su país, inasequible al desaliento y a la conciencia de que esos shorts eran demasiado cortos. Ganamos 2-0, jugué bien otra vez, atacando y defendiendo, pero no pude anotar; el larguirucho arquero me sacó con la punta del zapato el que era mi gol. De todos modos quedé feliz, exhausto, pero feliz. Y nuevamente Cruzado me envolvió en un largo abrazo paternal que hizo que nuestra relación no fuera tensa nunca más. De hecho, en la foto del regreso (abajo), con la vistosa copa del segundo lugar, se puede ver que me abraza. Ahí estamos todos, luciendo nuestra indumentaria deportiva de una marca cercana a Puma (era Tigre). Y bueno, eran otros tiempos.



Justamente, eran otros tiempos. Porque Luis Cruzado, que fue sub-campeón de la Copa Libertadores 1972, que jugó el mundial México 1970, cuando ver jugar a Perú daba gusto y no pena, llegaba y se iba de los entrenamientos en auto ajeno o en taxi. El volante técnico y rudo al mismo tiempo (ahora se dice volante mixto), que jugó en la Bombonera cuando Perú eliminó a Argentina de ese mundial donde enfrentó a la Alemania Federal de Beckenbauer y Gerd Muller (dos muchachos que levantarían la copa 4 años después), nunca pudo tener una situación económica estable. Otros tiempos y otros méritos. De hecho, su sobrino, Rinaldo Cruzado, actual jugador de la selección peruana, es millonario gracias a sucesivas transferencias a equipos de Italia, Uruguay y Argentina, donde siempre fue suplente. Hoy juega en el Universidad César Vallejo de Trujillo y -como todos los peruanos- seguirá viendo el mundial por TV. No sé por qué Cruzado tuvo una carrera tan corta como técnico de clubes, pero puedo imaginarlo. Era un tipo disciplinado, estricto, y eso es imperdonable para el futbolista peruano, al que le gusta el trago, la fiesta, y odia el trabajo físico. Los entrenadores exigentes no duran mucho en este país al revés donde el tonto se cree vivo. Volviendo a Cochabamba 1985, recuerdo que cuando aparecieron por el hotel tres damas de aquellas (fina cortesía del anfitrión boliviano que quería menguar nuestros bríos adolescentes en otras canchas) Cruzado se enfureció y nos prohibió acercarnos, haciendo rondas nocturnas para vigilar que estuviéramos en nuestros cuartos y sin compañía femenina. No fue esa la actitud de otros entrenadores en otros viajes de selecciones menores, los que fomentaban que nos hiciéramos “hombres” con esas profesionales.    

Hace poco me enteré de que Luis Cruzado murió el 2013, por dolencias derivadas de la diabetes. Yo no lo volví a ver después de esos años, mis años de futbolista. De haberlo visto, probablemente le habría contado con algo de vergüenza que dejé el fútbol por la ciencia, y tal vez me habría animado a contarle que a los 30 años ya podía hacer pases largos con la derecha. Cruzado murió en la pobreza. En sus últimos años, ex-futbolistas de Universitario hicieron colectas y campañas para ayudarlo con el tratamiento de su enfermedad. Me conmovió verlo en esas entrevistas, tan débil, vulnerable; él, que fue tan fuerte, que infundía tanto miedo cuando gritaba. Ahora sólo pedía que lo fueran a visitar al hospital, para conversar. Así mueren los futbolistas de antes, los que salían a la cancha sin mirarse al espejo y sin cambiar su peinado, los que no tenían su nombre grabado en los zapatos y amarraban sus medias a la pantorrilla con una pita, los que no tenían un sueldo obsceno pero se mataban en la cancha por la camiseta, una camiseta sin marca y a veces desteñida por el uso, los que no se tiraban al suelo cada vez que los tocaban, revolcándose y chillando como chancho en matadero. Sí, eran otros tiempos, cuando los futbolistas eran hombres.



lunes, 6 de abril de 2015

La basura en su lugar


El mes pasado hubo una marcha por las calles de Lima contra la TV basura. Oficialmente era para exigir el cumplimiento de un artículo de la Ley de Radio y Televisión referido al horario de protección al menor, una normativa que los canales de TV compiten por incumplir. En el fondo, la marcha fue una protesta contra la basura de contenidos en los programas de chismes de farándula, reality-shows, y pseudo-competencias atléticas entre modelos que no hacen más que inventar romances, infidelidades y peleas. Los organizadores de la marcha fueron los mismos que encabezaron las protestas contra una ley que supuestamente fomentaba el empleo juvenil pero en realidad recortaba groseramente derechos laborales. Así, estos muchachos sin partido político son la reserva moral de la sociedad que da un grito de asco cuando la calidad de los contenidos televisivos (o de los empleos) llega al nivel basura; el mismo grito de asco que un comensal profiere al encontrar un insecto en su comida. Algunos periódicos, parte de los mismos conglomerados empresariales que poseen los canales, previsiblemente menospreciaron la charla antes y manipularon las informaciones después. Por supuesto, son medios en cuyas páginas web más de la mitad de las “noticias” son farándula, seguimiento a telenovelas y reality-shows, fútbol, y videos de youtube o facebook.
Aplaudo a estos muchachos que en las puertas de los canales gritaron insultos y rompieron gigantografías de los “rostros televisivos”, personajes a los que cuesta mucho encontrarles un talento particular que justifique su fama o sueldo (o su existencia, si nos ponemos metafísicos). Antes de la marcha leí en varias columnas las típicas disquisiciones que -siendo razonables- finalmente llevan al inmovilismo: que antes había que definir lo que era TV basura y lo que no, que la educación es tarea de los padres y no de la TV, que hay otros problemas más importantes por los cuales marchar, etc, etc. Esto me hizo recordar una fábula que leí de niño, donde un par de conejos que huyen de dos perros de caza se ponen a discutir si los perros son galgos o podencos, y de tanto discutir pierden el aliento y son presa de los perros. Lo importante, lo terrible, es que la gente se embrutece cada vez más al conectarse con los medios de comunicación masivos, perdiendo la poca cultura ganada en el colegio, confundiendo su juicio acerca de lo que es valioso, tomando como modelos a personas que no tienen nada de admirable, y adormeciendo sus capacidades intelectuales de análisis y crítica, lo que le viene muy bien a gobiernos incapaces, autoritarios, maquiavélicos, o todas las anteriores. El cerebro del televidente enchufado a la TV basura se va haciendo cada vez más primario, limitando sus temas de conversación a las banalidades que todos conocen, repitiendo pensamientos como respuesta a estímulos repetidos. Retomando la analogía, ese ser humano intoxicado de contenidos idiotas y superficiales termina pareciéndose al sujeto que de tanto comer comida chatarra se convierte en un obeso mórbido que se mueve y respira con dificultad, y que básicamente dedica su vida a pensar en el siguiente bocado.
Fue divertido leer cómo muchos de los rostros visibles, los responsables mayores de esa degradación televisiva, reclamaban indignados que ellos no eran parte de la TV basura (sí, hija, todos menos tú). Suena familiar. Nadie se declara racista o clasista, pero a la mayoría sin mucha dificultad le escuchas frases claramente racistas o clasistas. Molesta la etiqueta, a quién no, pero -lo siento- por sus obras los reconoceréis. Ahora, lo deprimente no es tanto que los contenidos de estos programas sean repugnantes o lobotomizantes, al fin y al cabo cualquier demente podría salir mañana a pretender vender en la calle los productos de su digestión; lo realmente triste es que la gente forme cola para comprárselos, es decir que esos programas sean los de mayor rating. Algo tienen, alguna fibra en la corteza cerebral se riza, alguna neurona malformada toma el puente de mando, cuando desfilan el chisme, el morbo, y los/las modelitos de cuerpos apetitosos por la pantalla. Al igual que la comida chatarra basa su éxito en apuntar directo al hipotálamo para liberar cataratas de dopamina, la TV basura probablemente apela a un mecanismo encefálico primitivo del que cuesta mucho librarse. Para muestra, mi amigo Marco, al que un doctorado en ciencias no ha hecho inmune a la tentación de la farándula televisiva.

Evidentemente, esto no ocurre solamente en el Perú, es lo mismo en muchísimos países. Los formatos se repiten y, a pesar de las diferencias culturales, triunfan en términos de audiencia. Esta alienación es ya una epidemia global. Algunos dirán que se exagera, que basta cambiar de canal o apagar la TV, que uno tiene la libertad de elegir. Algo de razón tienen, pero es como decir que el problema de la pasta básica de cocaína en la sociedad se soluciona decidiendo no usar drogas (Just say no). La TV basura crea modelos de conducta, y ya está haciendo daño; una señal es la cantidad de niños que son inscritos con los nombres de esas figuras televisivas. Hace poco, en un colegio chileno, a la pregunta “qué quieres ser” un muchacho próximo a egresar contestó -seriamente- “opinólogo”; o sea, una persona que se dedica a comentar los chismes de la farándula. Lo que está detrás de esta respuesta, y de las larguísimas filas de postulantes a participar en reality-shows, es una distorsión esencial: la creencia de que ser famoso es una señal de éxito personal, y entonces cualquier cosa que los lleve a las pantallas, incluidas la humillación y el riesgo personal, se justifica. Antes era así, las celebridades lo eran por méritos verdaderos, por destacar en algún campo a consecuencia de una larga dedicación o por algún talento singular (artístico, científico, intelectual, social, deportivo, etc.). Ahora no, cualquier exhibicionista de ostentosa ignorancia puede hacerse famoso simplemente porque se transmiten sus gestos y palabras por TV. Ser famoso ya no es una consecuencia, se transformó en un fin. ¿Adónde nos lleva esto? No lo sé, pero viendo a estos aspirantes a la fama colgando de trapecios y haciendo equilibrio sobre troncos, se me ocurre que ya empezamos el camino de regreso a ese momento fundacional de nuestro linaje en el que un salto audaz nos llevó de los árboles a la sabana. 










martes, 14 de octubre de 2014

Ellos, los salvajes

Dos niños llegan al mismo tiempo a la cola para recibir el almuerzo en el comedor de su colegio. Discuten. Cada uno defiende que llegó primero. La discusión se convierte en intercambio de insultos. De pronto uno de ellos toma un cuchillo del mostrador y se lo clava al otro en el cuello. Tres veces. La víctima, conmocionada, cae al suelo y empieza a desangrarse. Afortunadamente, la escena es ficticia. Pero sirve para ilustrar un punto. Está claro quién es el salvaje y quién la víctima, ¿o no? ¿Cambiarías tu opinión si supieras que el agresor es un sobrino tuyo y la víctima un desconocido?
En los últimos meses nos hemos horrorizado ante las terribles atrocidades cometidas por grupos como Boko Haram o el Estado Islámico. Secuestro y esclavismo de niñas, matanzas de pueblos enteros, decapitaciones en masa, violencia extrema y arbitraria. La justificación en esas mentes enfermas: imponer la religión verdadera. Es espantoso, monstruoso, abominable. Los adjetivos se repiten en cada artículo que leemos en la prensa. Pero el mundo católico occidental no debería sorprenderse tanto de estos métodos y criterios, porque forman parte de su historia esencial. Podríamos decir que en La Biblia sobran los ejemplos de genocidios, matanzas de niños y decapitaciones, todo en nombre de ese dios que ama a todos sus hijos. Pero no es necesario retroceder tanto en el tiempo. Las cruzadas, que contaban con bendición y hasta financiamiento papal, consistían en hacer a caballo y con lanzas lo que hoy hace el Estado Islámico con carros de guerra y ametralladoras. Es decir, matar a miles y conquistar territorios en nombre de la propia religión, considerando justa y necesaria la aniquilación del enemigo, ya que profesa otra religión. El denominador común es el gusto por decapitar, eso no se ha perdido. 
Las sagradas cruzadas, en las que la mutilación y el saqueo eran instrumentos de virtud, no se dirigieron solamente contra los musulmanes. En la cruzada contra los cátaros albigenses, acusados de herejía (o sea, creer en variantes de la fe que El Vaticano no aprobaba), el valiente Simón de Montfort asaltó el pueblo de Bram y a más de 100 sobrevivientes rendidos les cortó orejas y narices, y les sacó los ojos; salvo a uno, a quien dejó tuerto para que guiara a los ciegos en su camino hacia el siguiente pueblo, convirtiendo ese cruel desfile en amenaza. Alguien dirá que todo eso ocurrió en un lejano pasado que nada tiene que ver con lo que se hace o se piensa hoy en día. Pero todavía en estos tiempos se encuentran páginas católicas en internet que defienden o relativizan las hazañas de Montfort o las torturas de la Santa Inquisición. En la página oficial del Museo de la Inquisición de Lima hoy se lee que “intereses políticos y religiosos han generado prejuicios que impiden obtener una imagen clara y objetiva sobre esta institución” y que numerosos estudios han “desvirtuado por completo la leyenda negra creada en torno al Santo Oficio por los enemigos de España y de la Iglesia Católica”. Además describen a los ascéticos, contemplativos y vegetarianos cátaros como “particularmente violentos”, indicando que esas herejías ahogadas en ríos de sangre “turbaron la tranquilidad de la Iglesia y de la sociedad cristiana”. Para que quede más claro que todo esto no está enterrado en un pasado oscuro, el escudo de Aragón -el mismo que hoy se exhibe en la bandera en actos oficiales de dicho gobierno- contiene un campo donde aparece la Cruz de San Jorge cantonada por 4 cabezas de moros decapitados.
 
La religión islámica es seis o siete siglos posterior a la católica. Esto explica en parte la asincronía entre las barbaridades de una y la otra. Pero al final son prácticamente lo mismo: sectas intolerantes y machistas con mucho poder, que sojuzgan a los incautos que se han dejado estafar con el cuento de que una creencia -legítima absolutamente- requiere una religión que la administre. A partir de profetas históricos con buenas intenciones, una casta sacerdotal de mantenidos arma un sistema de explotación, esclavismo mental y enriquecimiento que nada tiene que ver con la prédica original. De vez en cuando en la historia, sectores extremistas, más intolerantes todavía, amplían su abuso a los no-creyentes, en una suerte de expansionismo religioso. Lo que vemos hoy en las noticias es lo mismo que ocurría hace unos cuantos siglos, pero con los roles invertidos. Las diferencias entre el Estado Islámico y los Cruzados Católicos están en el tiempo, las armas y el lado de la mesa (oriental/occidental, islámico/católico), pero nada más. Como con los niños en la escena del comedor escolar, me pregunto si tendremos claro que el horror es horror por el acto y no por quién lo comete.

miércoles, 30 de julio de 2014

Peruano

Hace 5 días se cumplieron 21 años del día en que me fui del Perú. Llevaba en la maleta poca ropa útil para el gélido invierno de Santiago y muchas ilusiones para comenzar una maestría. No podía saber que en ese país que odiara de niño yo encontraría al amor de mi vida. No podía sospechar que no volvería (hasta ahora). Eran otros tiempos, otros aeropuertos. Cuando te sellaban el pasaporte no te metían a la fuerza en un duty free, para que compres aunque no tengas ganas, aunque no tengas plata (para eso es la tarjeta ¿no?), como si fueras un cuy en una kermesse que no tiene otra opción que elegir una casita donde esconderse. Eran otros tiempos, otros dolores. Hace 21 años, apenas habían pasado 10 meses desde el inicio del fin del terror, cuando un grupito de policías sin presupuesto, olvidados por Fujimori y Montesinos (estaban demasiado ocupados en robar y corromper), al mando de un tal Benedicto, capturó a Abimael Guzmán, el líder mesiánico que se creía infalible, un pensamiento más allá del tiempo y el espacio, y entonces -caído su dios- los alucinados asesinos que masacraban en su nombre ya no tuvieron en quién creer. La utopía desquiciada de Sendero Luminoso en cierto modo se derrumbó sola. Pero tuvieron que pasar 8 años más para que terminara el baño de sangre: 70 mil cadáveres repartidos casi en partes iguales entre las hienas senderistas y los chacales de las fuerzas armadas. La inmensa mayoría de esos muertos jamás cometió un delito, la mayoría de ellos hablaba quechua. 
En esos tiempos era muy raro encontrar mensajes de orgullo por el hecho de ser peruano. Parecía que el principal objetivo en la vida de cada peruano era dejar de serlo: migrar, aculturarse, nacionalizarse. Algunos recurrían a la cirugía para rasgarse los ojos y facilitar la migración a Japón, ya que teníamos un presidente japonés. Entre mediados de los 80 y mediados de los 90 la sensación que flotaba en el aire era que el Perú era un país sin esperanza, un proyecto fallido, y había que huir. En 1995 el grupo Leusemia le dedicó la canción El asesino de la ilusión a Fujimori, quien teniendo la mayor caja fiscal de la historia tras vender las empresas públicas prefirió financiar la corrupción y la guerra sucia antes que el progreso. Recogí esa sensación de desesperanza en mi novela (Amarilis y el país imposible), ambientada en los últimos días del fujimontesinismo, y fue llamativo que en la presentación del libro en Lima, y en comentarios de lectores, muchas voces criticaran el exceso de pesimismo, el callejón sin salida. Hoy esas palabras parecen fuera de lugar para referirse a un país que crece sostenidamente, sobre todo en economía (pero poco en desarrollo humano y en combate a la pobreza y la desigualdad), un país que parece haber recuperado el orgullo, con o sin razón (no basta con el boom gastronómico, pero por algo hay que empezar). Como digo, eran otros tiempos. Habría sido impensable entonces un tema como Peruano, cuyo video se ha viralizado y destila entusiasmo, optimismo y orgullo durante 4 minutos. El tema cae varias veces en un nacionalismo que yo rechazo, pero tal vez sea perdonable considerando que venimos del extremo opuesto. No es un gran producto artístico y las simplificaciones de su mensaje a veces son demasiado ingenuas, incurre además en un machismo evitable, pero creo que es valorable el estado de ánimo que intenta contagiar, y visualmente es muy atractivo. Rescato que una parte de la canción sea en quechua y que en su compendio no haya omitido mencionar una de las principales lacras de la sociedad peruana: la discriminación (“somos lava de un mismo volcán”). Mientras decir serrano, indio o cholo siga siendo un insulto para muchos (muchos idiotas) no habrá un verdadero progreso. 
A poco de llegar a Chile comencé a jugar fútbol en la selección de la facultad. Varios de los compañeros de equipo me decían “peruano”, con cariño y respeto (la técnica del futbolista es lo único que sobrevive a la hecatombe del fútbol peruano). Me gustaba que me llamaran así. Y es que siempre me costó que en mi propio país me reconocieran como uno de ellos, uno más. En los espacios en que me movía en el Perú viví varios episodios de discriminación por tener la piel y los ojos claros; nada terrible, nada comparable con lo que ellos han sufrido por siglos (y todavía), por eso nunca me quejé. En Cusco más de una vez las señoras y los niños que venden en la calle no me han creído que soy peruano, incluso después de mostrarles mi documento de identidad. En Chile también me ha pasado, muchas veces. Aprendí a no enojarme y repetir una frase cada vez que me decían "pero no pareces peruano". Hay peruanos de todos los colores y tamaños, les decía y les digo, como si estuviera hablando de zapatos. Pero sí me enojo cuando noto que en ese comentario hay un tinte de desprecio a los otros peruanos más oscuros, cuando pretenden hacerme sentir bien por "salvarme" de ser así; allí se termina la conversación. Una vez, mientras hacía cola para renovar mi visa de estudiante, me buscó charla un chileno que hacía trámites para embajadas, y al rato me dijo, buscando apoyo, "esto se está llenando de peruanos". Lo miré fríamente y le dije algo así como "somos muchos los peruanos que estamos viniendo a Chile, como antes muchos chilenos migraron buscando un futuro mejor, es la historia de la humanidad". El tipo se volteó y no me volvió a hablar. 
A menudo me pasa que alguien que me detecta el acento (no haberlo perdido es resultado de una decisión) y me pregunta, y se entera que llevo tantos años en Chile y que mi mujer e hijo son chilenos, me dice “ah, pero entonces ya eres chileno” y yo inmediatamente contesto “No”, sin agregar nada más pero poniendo cara de simpático. Normalmente no les gusta esa respuesta. El seguir siendo peruano después de tantos años no es un asunto trivial. Un amigo muy cercano que vivió un tiempo por aquí al segundo año ya hablaba como uno de Los Caporales, y yo me burlaba sin piedad. Más extremo es el caso de unos hermanos que conocí en Lima, de padre peruano y madre chilena, pero más peruanos que el cebiche (o que el pisco). Jugaba fulbito con ellos con frecuencia entre el 90 y el 92. Luego migraron a Chile tras la separación de sus padres. El 93 me los encontré en el estadio nacional en Santiago, en un partido amistoso Perú-Chile... y estaban agitando una bandera chilena y apoyando a esa selección. Me impresionó mucho y -tras la rabia inicial- me dio pena. Me preguntaba cuánto resentimiento tenían que tener esos muchachos para renegar así de su país, quizás tuvo que ver con el divorcio de sus padres, quién sabe. Después uno de ellos llegó a ser sub-secretario (vice-ministro) durante el primer gobierno de Bachelet. Cuando lo veía en la televisión pensaba en cuántos creerían que ese hombre fue alguna vez un arquerito peruano en pichangas de barrio en Lima. En ese mismo partido fui hostilizado por gente de la tribuna tras celebrar el gol del empate (al final perdimos 2-1), me gritaban insultos generales contra los peruanos. No me quejo, es lo habitual. Lo cómico es que uno de los tipos se paró y gritó “los peruanos no saben leel ni esclibil”, evidenciando su escasa cultura. Mi amigo chileno al lado, profesor de la Universidad de Chile, avergonzado, me pidió disculpas. Menos divertido fue estar en la tribuna cuando se definía la clasificación a Francia 98, y no sólo porque perdimos 4-0. La barra chilena nos apedréo -sin provocación- desde antes del inicio del partido. Vi pasar delante de mí a 4 personas con la cabeza sangrante, tuvimos que ver el partido con ropa en la cabeza y mirando constantemente al costado por si llovía otra piedra. No sé qué habría pasado si no nos ganaban (con el empate Perú clasificaba al mundial).
Hace 2 días se cumplieron 193 años del día en que San Martín declarara con entusiasmo la independencia del Perú en un pueblo al norte de Lima, omitiendo el pequeño detalle de que el poder todavía estaba en manos del Virrey. Tuvieron que pasar 3 años más para que Sucre (otro con nombre de avenida) sellara la derrota de los realistas (no, no es que ganaran los idealistas; ganó una élite de criollos a la que poco le importaba la idea de nación). Así nació el país al que pertenezco, que no me parece mejor ni peor que cualquier otro, pero es el mío, y no puedo explicar lo que soy, lo bueno y lo malo, sin hablar de mi infancia, adolescencia y juventud en esas calles, rodeado de esa gente, escuchando esa música, disfrutando esa comida, emocionándome y frustrándome con el fútbol, temiendo apagones y bombazos, doliéndome con una guerra interna que se llevó a demasiados inocentes y nos quitó la inocencia, aprendiendo a amar, a odiar, a pensar, a mirar, a escribir, a ser.

jueves, 3 de julio de 2014

Dramáticos octavos con final anunciado



Un travesaño postrero y un poste en el último penal le negaron a Chile el final feliz que merecía. Los chilenos se batieron como espartanos en Las Termópilas, con Medel como estandarte. Jugó desgarrado, un imposible (como todo Pitbull, puede desconectar las terminales del dolor), y aun así pudo anular a jugadores que tenían el cuerpo intacto y 25 cm más de estatura. Brasil, que terminó reventando la pelota sin pudor ni dirección, quedó con estrés post-traumático. El impresentable Felipao, que se queja del cese de las ayudas arbitrales, se declara admirador de Pinochet, y está orgulloso de haber desterrado al pasado el jogo bonito, ha llamado de urgencia al equipo de psicólogos: sus jugadores -salvo Neymar y David Luiz- no resisten la presión. O Brasil mejora mucho o no levantará la copa en su casa, por segunda vez.
La ordenada y dinámica Colombia de Pekerman (tres veces campeón mundial sub20 con Argentina) no tuvo que sufrir para despachar a los desorientados orientales. A Uruguay, sin la contundencia del feroz Suárez, se le nota mucho la pobreza, que sólo es virtud en su presidente. Hay dos inconvenientes de que siga avanzando en el mundial esta prometedora Colombia, que tiene convicción y mucho juego. El primero es que no abandona la tradición de no poder celebrar sin muertos en las calles, el segundo es tener que padecer sus bailecitos ridículos tras los goles.
México, que entró al mundial por la ventana, se encontró de pronto ganando en octavos con un latigazo impensado de Dos Santos, pero a su histérico entrenador le pareció inaceptable. No podemos traicionar nuestra historia, tenemos que perder -se dijo; y con 30 minutos por jugar renunció a tener la pelota. La versátil Holanda acudió a la mesa servida (y sin picante) y el instructor de clavados en piscina Robben fue protagonista: gracias a un penal que no fue, que compensó otro que sí fue, México se fue.
En una cerrada contienda por definir quién era el más limitado, Costa Rica ganó a Grecia por penales gracias a Keylor Navas, un arquero con nombre de actriz porno y agilidad de leopardo. Tiene un delantero, Campbell, que si se inspira es imparable; el problema es que no se inspira. Su técnico, Pinto, es estudioso y trabajador, y ayuda a contrarrestar la característica humildad de su equipo con sus pintorescas declaraciones (se dice inventor de un nuevo esquema de juego, del psicólogo en el fútbol, y si le dan micrófono se declara inventor del reactor nuclear).
Nigeria, que juega asustada porque las bestias de Boko Haram ponen bombas en los locales donde se ven los partidos, asustó por un rato a Francia. Pero terminó, como buen equipo africano en segunda fase, borrándose sola víctima de errores infantiles (y víctima de una patada criminal con doble fractura que el árbitro gringo no consideró ameritaba roja para un francés). Francia no brilla pero es eficaz adelante y segura atrás. Su técnico, Deschamps, levantó la Copa en el 98, así que ya sabe lo que es un milagro. El problema es que en cuartos le toca Alemania y, como dijo Gary Lineker, “el fútbol es un deporte de 11 contra 11 en el que al final siempre gana Alemania”.
La voluntariosa Argelia estuvo cerca de dar el batacazo frente a Alemania mientras tuvo energías, las que se le acabaron pronto porque varios jugadores, musulmanes observantes, están ayunando por el Ramadán (esto me da una razón más para abominar de la religión, cualquiera que sea). Alemania mete goles y mete miedo, porque tiene la misma programación mental de siempre (adelante, adelante, no está permitido el cansancio), pero añade sutilezas tácticas y técnicas. Además tiene un plantel muy amplio, donde destacan jugadores originarios de Polonia, Albania, Turquía y Ghana.
Bélgica ganó a EEUU con un juego generoso y ofensivo que se estrelló 998 veces con el arquerazo Tim Howard, que brilla en la Premier League y que -como buen yanqui belicista- incluye diseños de comando en su uniforme. Los gringos corrieron mucho pero jugaron poco, al parecer jugarían más cómodos si no hubiera pelota. Definió el partido la entrada del veloz y potente Lukaku, hijo de congoleño. Sigue explicando el Congo la prosperidad belga, como cuando el rey Leopoldo II se enriqueció a punta de saqueo y genocidio en el corazón de África. 
La Argentina de Messi, que ya no es Messi porque -sin la mirada obsesiva de Guardiola- ya no se entrena ni se alimenta como antes, ganó con mucho susto a la fastidiosa Suiza, que si tuviera delanteros de verdad habría clasificado. Alcanzó para salvar a Argentina un chispazo in extremis de Messi y la enésima corrida de Di Maria, que debe tener una hemoglobina mutante porque corre al minuto 120 como si recién comenzara todo (hasta en La Paz corrió todo el partido). Argentina no tiene dinámica, suplentes, ni técnico, y depende del 10, al que sólo le falta ganar el mundial para añadir su nombre al de Pelé y Maradona en la lista de habitantes del Parnaso del fútbol. Se ve difícil, pero no hay que descartar la gloria argentina, porque si a Messi le da la gana de volver a ser Messi, y entonces Maradona, puede ganar el mundial solo.

domingo, 22 de junio de 2014

Más respeto con el muerto

Se fue España, el último campeón, de Brasil 2014 y la cola para hacer leña del árbol caído se pierde en el horizonte. Es cierto que en el mundo del fútbol la buena memoria es tan rara como un buen árbitro, pero aquí se está exagerando. Y, como siempre, la ignorancia y la falta de respeto van de la mano (... a un concierto de reggaeton).

Son los mismos que se burlan con memes (casi todos sin la menor gracia) de las derrotas de la selección de Del Bosque los que disfrutan de este mundial, que está siendo el mejor de los últimos 25 años: por juego, actitud ofensiva y por goles. Y no son capaces de darse cuenta de que buena parte de este disfrute se lo debemos a esos españoles bajitos, devotos del tiki-taka, que ganaron el último mundial y las últimas dos eurocopas. 
Hay que hacer memoria. Para encontrar un buen mundial hay retroceder hasta México 86, con la exhibición del genio de Maradona, el himno al fútbol del Brasil-Francia de cuartos de final, la maravillosa Dinamarca de Laudrup, y el rodillo soviético. Hay que hacer memoria. Recordar el pésimo y ultradefensivo Italia 90, el mediocre EEUU 94 con la final terminando 0-0, el 2002 de los arbitrajes escandalosos, el violento Alemania 2006, o el soso 2010 donde solamente lució la elegancia técnica de la España dirigida por el excelso Xavi (era la época en la que él parecía haber visto el video de la jugada segundos antes de que ocurriera).
La recientemente fenecida hegemonía española en el fútbol es incuestionable. En los últimos dos mundiales los tres primeros lugares fueron para equipos europeos, por eso las eurocopas del 2008 y 2012 casi equivalen a un mundial. Y ese equipo vistoso y ganador se hizo a imagen y semejanza del FC Barcelona, la filarmónica blaugrana que en docenas de recitales inolvidables supo demostrar que era posible unir estética y eficacia para llevar al fútbol a su cima histórica. Por eso, porque las estrategias exitosas son inmediatamente copiadas, para entender este mundial que nos gusta, donde equipos antiguamente basados en la defensa férrea (Italia) o la fortaleza física (Alemania) nos regalan apuestas por un fútbol bien jugado, hay que recordar -y agradecer- a España.
Si hay algo más imperdonable que el fracaso, es el éxito. Los mediocres están siempre esperando el resbalón del que está en la cima, para sentirse acompañados en el barro. Lo supieron tarde muchos que murieron olvidados después de haber cambiado la historia (próceres, exploradores, inventores, luchadores sociales). Hoy vemos el linchamiento mediático de los recientes (pero antiguos para el fútbol) héroes de la selección española. Si quieren discutir las causas del fracaso en este mundial, con gusto me siento a conversar, porque tengo un par de ideas al respecto. Pero yo no me sumo al linchamiento. Yo tengo memoria, amo el buen fútbol, y por eso les digo Gracias.

domingo, 15 de junio de 2014

¿Quién es el simio?


La señora de la foto, como muchos de los imbéciles que van a los estadios de fútbol y quieren dejar en claro que lo son, cree que es gracioso imitar a un simio para burlarse de un jugador de raza negra. Detrás de estas agresiones racistas está la idea de que esas personas se parecen a los simios y son -por lo tanto- inferiores. Pero lo que define cuán evolucionado o retrasado es un individuo, o un grupo, no es su aspecto; es su conducta, lo que es capaz de (o decide) hacer. Así, nuestro pariente lejano Homo habilis está más adelante que la señora Lucy (Australopithecus) porque usaba herramientas. Aceptando por un momento que llamar a alguien simio sea un insulto (algunos simios actúan de manera solidaria, altruista y hasta civilizada, como los bonobos -primos de los chimpancés- que solucionan sus problemas con paciencia y sexo), creo que esa categoría la merecen aquellas personas que ejecutan acciones particulares, que denotan un estado de desarrollo mental o social bastante primitivo, y no las que tienen rasgos más o menos parecidos a un modelo determinado. Resumiendo, simio es quien tiene un comportamiento no-civilizado, quien no respeta al otro. Entonces, simio es el que se estaciona en el lugar para minusválidos, el que orina en lugares públicos, el que golpea sin motivo a alguien más débil simplemente para desahogar su frustración, el que bota su basura en la calle de todos o en el sitio del vecino, el que lanza objetos contundentes en un estadio o un concierto, etc. Cualquier observador honesto y libre de prejuicios podrá concluir que esas conductas no están asociadas al color de la piel de las personas. Porque en las calles de Lima los choferes de las combis -de piel cobriza en su mayoría- no respetan la luz roja ni los cruces peatonales, es cierto, pero no es menos cierto que los conductores de las camionetas BMW o Audi -de piel un poco más blanca en su mayoría- se estacionan en los lugares para minusválidos y tampoco respetan los pasos peatonales. El color de la piel -ya lo dijo la ciencia, pero pocos se han enterado- es un rasgo que nos dice muy poco del ser humano. Nos sirve para saber si está bien protegido contra la radiación ultravioleta, y poco más. 
La señora de la foto, aficionada del Llagostera de Gerona (Barcelona), un club de la tercera división española, dirigía esos gestos ofensivos hace algunas semanas a Mamadou Koné, el N° 9 del Racing de Santander. Koné nació hace 22 años en Costa de Marfil, como dos portentos del fútbol mundial, Yaya Touré y Didier Drogba, pero también como cientos de desconocidos jóvenes futbolistas marfileños que año a año son traficados por las mafias de representantes, que los llevan a probarse en clubes de Francia con contratos engañosos, venden a los pocos que destacan, y dejan a los demás abandonados en la calle y sin papeles. Mamadou Koné es en cierto modo un sobreviviente que se ganó un lugar en el mundo del fútbol español por su esfuerzo y su talento. Debutó en el Racing a los 19 años contra el Barcelona, cuando su equipo todavía estaba en primera división. Desde entonces ha acompañado al equipo en dos descensos -hasta tercera- y un reciente ascenso a segunda división, en el que Koné metió 18 goles. Uno de ellos fue el que generó las reacciones de algunos energúmenos en la tribuna del Llagostera, que así quedó en camino de lograr su propio ascenso. La señora de la foto trabajaba en la boletería del museo del FC Barcelona. Pero al difundirse la foto (y el video), perdió el trabajo, porque el FC Barcelona no puede aceptar esas manifestaciones de odio racista entre sus empleados. Por su parte, el Llagostera -también de Cataluña- la declaró persona non grata en el club. Es un ejemplo a seguir el de los catalanes, que por algo son el pueblo más civilizado de España. Me pregunto qué pasaría si todas las empresas peruanas, chilenas, argentinas y españolas despidieran a sus empleados por escribir comentarios racistas o xenófobos en las noticias por internet (los leo todas las semanas). Sería magnífico, una poderosa señal educativa pensando en el futuro. Porque de eso se trata, de que la próxima generación sea menos ignorante, es decir, mejor que la nuestra. Así como los niños junto a la señora de la foto reciben el mensaje de que es divertido imitar a un mono para burlarse de un africano, algunos hijos de los muchos racistas despedidos podrían recibir el mensaje de que no es tolerable para la sociedad discriminar o insultar a alguien por el color de su piel o el país donde nació. Podemos soñar con ese progreso. La esclavitud alguna vez fue legal, vista como normal, y hoy es perseguida en el mundo entero. El racismo es la siguiente plaga mental a exterminar. 
Inmediatamente después del episodio en el estadio, en su cuenta de twitter, y con la foto que acompaña este post, Koné escribió lo siguiente: “Respecto a lo de esta “señora”, mejor no decir nada...Ya se retrata ella sola.”

Queda claro quién es el simio.

domingo, 8 de junio de 2014

Una historia minimalista de los mundiales de fútbol, comentada

El ilustrador brasileño André Fidusi ha publicado una historia minimalista de los mundiales que se está difundiendo por internet. Previsiblemente, es un poquito pro-Brasil y anti-Argentina, pero está bastante bien. Eso sí, por momentos es algo críptica para los no-iniciados. Voy a comentarla aquí, brevemente, para no desentonar con el minimalismo. La idea es aclarar detalles oscuros y añadir algunos datos.  

URUGUAY 1930


Jules Rimet, presidente de la FIFA, impulsa la organización de un mundial de fútbol. Al mundial se acude por invitación, la que muchos países europeos rechazan por falta de interés o dinero; algunos asisten por presiones políticas. La selección de Rumanía la designa el Rey a partir de la nómina de una empresa estatal. Finalmente participan 13 selecciones (3 cancelan a último momento). Se construye para el caso el estadio Centenario, pero recién está listo una semana después de iniciado el mundial. Uruguay le gana la final a Argentina 4-2, luego de ir perdiendo 2-1. Como en las pichangas del barrio, cada equipo quiso jugar el partido con su pelota. 


ITALIA 1934



Mussolini está en la cima del poder y usa el mundial como propaganda para su régimen fascista. Hace todo lo posible para que Italia gane el mundial: soborna a los árbitros e incluso amenaza a sus propios futbolistas (manda un telegrama al equipo que reza “Vittoria o la morte”). El mundial (16 equipos) se juega a partidos de eliminación directa, pero no hay penales sino partido de desempate. Uruguay no participa en protesta por el boicot europeo al mundial anterior. El equipo italiano hace el saludo fascista antes de cada partido y alinea a 4 argentinos nacionalizados poco antes (los Oriundi). Italia le gana la final a Checoslovaquia 2-1. 


FRANCIA 1938



El avance del nazismo anuncia la II Guerra Mundial. Alemania, que ya había anexado a Austria, se presenta con la bandera de Alemania Nazi. El acuerdo era que el mundial se jugara en Argentina, pero Jules Rimet impone a Francia porque presiente que ya no habrá más mundiales. En protesta, Argentina, Uruguay y otros países americanos no participan. Por primera vez el mundial se transmite por radio. El goleador del torneo es Leônidas da Silva (Brasil), quien convierte 4 goles en el partido contra Polonia (6-5), después de quitarse los zapatos para jugar descalzo en el lodazal que era la cancha. Italia le gana la final a Hungría 4-2 y logra su segundo mundial.


BRASIL 1950



El jogo bonito de Brasil arrasa en el torneo y choca en la final con Uruguay. Les basta un empate para ganar el mundial en su país, porque el campeón se define en una liguilla de 4 equipos. En esta fase final Brasil hace 13 goles y recibe 2 en sus partidos contra Suecia y España. Con estos rivales Uruguay apenas empata y vence por un gol. El triunfalismo brasileño se desboca: los titulares de los periódicos con Brasil Campeão ya están impresos, el gobierno ha dado feriado el día siguiente para poder celebrar, los carros de carnaval ya están listos. Pero Uruguay da vuelta al marcador y vence 2-1 con goles de Schiaffino y Ghiggia, silenciando al estadio Maracaná, donde se reunió la mayor cantidad de público de la historia (180,000 personas). Ocurren muchos suicidios y Brasil abandona para siempre el color blanco de su camiseta. Tras el Maracanazo nace la leyenda de la garra charrúa. 


SUIZA 1954



El mejor equipo es Hungría, donde brillan Puskas y Kocsis. El ballet húngaro, en su camino a la final, humilla a Alemania (8-3), Corea del Sur (9-0), Brasil y Uruguay (4-2 a cada uno de los finalistas del mundial anterior). Pero en la final, tras ir ganando 2-0 y en un campo destruido por la lluvia, cae 3-2 ante la misma Alemania, cuyos jugadores corren como si no fueran humanos. Recientemente se supo que los alemanes actuaron dopados. Después Kocsis (11 goles en 5 partidos del mundial) llega al FC Barcelona, donde gana 2 Ligas y 2 Copas, y Puskas llega al Real Madrid, con 31 años y sobrepeso; así gana 5 Ligas consecutivas (4 veces goleador) y 3 Champions League. 



SUECIA 1958


Brasil gana su primer mundial. En un equipo de estrellas (Didí, Vavá, Garrincha), destaca un muchacho flaco de 17 años, con una habilidad endemoniada y siempre dispuesto a encarar aunque le lluevan patadas. Una pantera que salta, frena y desaparece antes de que los rivales se den cuenta de nada. Le dicen Pelé. Hace el gol del triunfo contra Gales en cuartos de final (1-0), 3 goles a Francia en la semifinal (5-2) y 2 goles a Suecia en la final (5-2). Sin embargo, el goleador es el francés Just Fontaine con 13 goles en 6 partidos, una marca imbatida hasta hoy (Ronaldo, el goleador histórico de los mundiales, necesitó 3 mundiales para hacer 15 goles). Pelé llora como un niño después de ganar la final y comienza a probarse la corona de Rey del fútbol.



CHILE 1962


Pelé (1 gol) se lesiona en el segundo partido y no juega más. Entonces Garrincha, el mejor puntero de la historia, toma la batuta. Sus amagues a uno y otro lado vuelven locos a los defensas y deleitan al público. El bohemio Garrincha, la alegría del pueblo, es el goleador y mejor jugador del mundial, y lleva a Brasil a conquistar la segunda copa, venciendo 3-1 a Checoslovaquia en la final. A diferencia de Pelé, quien tras su retiro ha sido embajador ONU, UNICEF y millonario rostro de Mastercard, Garrincha morirá a los 49 años en la miseria debido a su alcoholismo. En Chile 1962 se juega el partido más violento: Chile vs. Italia es un concierto de puñetes y patadas. El árbitro, temiendo un desborde del público local, sólo expulsa a jugadores italianos.

INGLATERRA 1966


La final, entre el local Inglaterra y Alemania, termina 2-2 y van a tiempo suplementario. En el minuto 98 validan como gol un tiro de Inglaterra que nunca entró al arco (la pelota apenas toca la parte externa de la línea). Y en el minuto 120 parte del público invade el campo -cerca del arco alemán- pero el árbitro valida otro gol ilegal de Inglaterra. Brasil queda fuera en primera ronda, sobre todo porque los defensas de Bulgaria y Portugal masacran a Pelé (1 gol) con una seguidilla de patadas descalificadoras, ante la pasividad del árbitro. La estrella del mundial es Eusebio (9 goles), nacido en Mozambique, pero jugador de Portugal. 

MÉXICO 1970


Brasil (19 goles en 6 partidos) gana su tercer mundial, derrotando a Italia 4-1 en la final. Sin lesiones y sin cacerías anti-reglamentarias, Pelé (4 goles) vuelve a brillar en un equipo de estrellas, donde 5 jugadores llevaban el 10 en la espalda en sus clubes. Para muchos es el mejor mundial de la historia, por la calidad del fútbol y la poca violencia (debutan las tarjetas amarilla y roja, antes la expulsión era directa). El partido más emocionante es la semifinal Italia-Alemania, que termina 1-1 y en la prórroga se convierten 5 goles, para un 4-3 final; Beckenbauer se disloca un hombro a los 67' y juega hasta el final del partido con un cabestrillo.


ALEMANIA 1974


Como en el 54, el mejor equipo no gana el mundial. Holanda inventa el fútbol total, donde todos atacan y defienden. Dado que usan el color naranja de la casa real, el equipo holandés es llamado La Naranja Mecánica (el afiche arriba incluye al personaje principal en la película del mismo nombre). El técnico Rinus Michels es el director de orquesta y el solista es Johan Cruyff, uno de los 4 mejores jugadores del siglo XX, ganador de 3 balones de oro. Luego como técnico, Cruyff le enseñará a Guardiola lo que aprendió de Michels, y entonces Guardiola podrá hacer del FC Barcelona el mejor equipo de fútbol que haya existido. Como en el 54, el mejor equipo cae en la final ante Alemania, que gana su segundo mundial. El partido comienza de la mejor manera para Holanda, que al minuto de juego, y tras 16 toques que terminan con penal a Cruyff, ya gana 1-0, pero Alemania da vuelta al marcador (2-1).


ARGENTINA 1978



El ilustrador brasileño alude al supuesto soborno de Argentina a Perú en la segunda fase (necesitaba ganar 4-0, ganó 6-0) que la llevó a la final, dejando afuera a Brasil. Se ha fabulado mucho sobre esto, pero quien haya visto el partido y sepa algo de fútbol tiene claro que ese resultado no fue sospechoso. Argentina jugó de local y a su máximo, los peruanos ya estaban eliminados (habían perdido 3-0 con Brasil) y jugaron muy mal. Si cada goleada es sospechosa de soborno, entonces también sobornaron a Brasil (0-4 con Chile, Copa América 1987) y Argentina (0-5 con Colombia, eliminatorias Mundial 1994). En todo caso, Perú estrelló dos tiros en el palo cuando iba 0-0 (curiosa puntería de los sobornados), y si Brasil no hubiera empatado 0-0 con Argentina, habría jugado la final. Es el mundial que la sanguinaria dictadura argentina organiza para tratar de limpiar su imagen, pero también el mundial del Matador Mario Kempes (4 goles en la segunda fase y 2 goles en la final). Argentina gana la final en tiempo extra (3-1) a Holanda. 


ESPAÑA 1982



La selección brasileña, (la Canarinha, por el color de la camiseta) tiene un plantel de lujo, donde destacan Zico y el inigualable Sócrates (es además médico, sindicalista, y activista). Pero en la segunda fase se topan con la Italia de un inspirado Paolo Rossi, quien les mete 3 goles (3-2) y además deja afuera a Argentina, donde debuta un tal Maradona. Rossi está fuera de forma porque estuvo suspendido 2 años por un caso de apuestas ilegales, y en la primera fase no convierte, pero el entrenador le tiene fe. Paolo Rossi hace 2 goles en la semifinal contra Polonia (2-0) y uno en la final en la que Italia vence a Alemania 3-1. Los alemanes venían de ganar una dramática semifinal por penales a Francia, tras ir perdiendo 3-1 en la prórroga. Es la tercera copa para Italia. Es el primer mundial con 24 equipos (eran 16) y se ensombrece por el partido arreglado entre Alemania y Austria (1-1) para eliminar a Argelia.


MÉXICO 1986



Es mezquino asociar este campeonato al gol con la mano de Diego Maradona en cuartos de final contra Inglaterra, porque minutos después Maradona hace el mejor gol de la historia de los mundiales. Partiendo en su campo, gambetea a más de medio equipo inglés (si la cancha hubiera sido infinita probablemente Maradona seguiría gambeteando a todos los ingleses sobre la tierra, hasta hoy). Luego hace los 2 goles con los que Argentina vence a Bélgica en la semifinal. En la final, Argentina comienza ganando 2-0 pero los incombustibles alemanes igualan 2-2 y sobre el final Maradona inventa un pase mágico para dejar solo a Burruchaga, que corre y corre cazado por Briegel y finalmente anota el 3-2 con el que Argentina gana su segundo mundial. A nivel de protagonismo individual, el Maradona del 86 sólo es comparable con el Pelé del 58. Son los dos únicos habitantes del Parnaso del fútbol.


ITALIA 1990



Argentina llega a la final tras superar cuartos de final (Yugoslavia) y semifinales (Italia) en definiciones por penales, donde el héroe es el arquero Goycochea. Sin embargo, Goycochea no ataja un polémico penal cobrado en el alargue de la final ante Alemania (1-0), que gana su tercera copa. En octavos de final Argentina elimina a Brasil: Maradona (que jugaba en un pie, con un tobillo hiper-inflamado) gambetea a 3 rivales en el centro del campo y avanza, entonces cunde el pánico en los defensas que recuerdan el gol contra los ingleses; rodeado de brasileños, Maradona habilita a Caniggia y es 1-0. Es un mundial olvidable, donde prevalecen los esquemas defensivos. El equipo argentino es particularmente violento, siguiendo la filosofía de su técnico.

EEUU 1994



En Brasil destacan el escurridizo y contundente Romario y su socio Bebeto, y en Italia Roberto Baggio, autor de goles clave que llevan a su equipo a la final contra Brasil. Bajo un calor infernal que es un riesgo para la salud de los jugadores (pero el horario de la TV europea importa más a la FIFA), el partido tiene pocas ocasiones de gol y termina definiéndose por penales (3-2). El penal que falla Baggio (en el afiche) determina que Brasil sea tetracampeón mundial. Los brasileños muestran un lienzo dedicando el triunfo al piloto Ayrton Senna, fallecido 2 meses antes. Argentina presenta un gran equipo en primera fase que se desmorona tras detectarse doping positivo en Maradona por tomar un antigripal. El ruso Salenko bate un récord al anotar 5 goles a Camerún, pero inmediatamente su carrera decae y termina vendiendo su botín de oro para pagar deudas.   


FRANCIA 1998



Ahora son 32 selecciones las que participan del mundial. Francia, comandada por Zinedine Zidane, llega invicta a la final donde espera Brasil. El astro brasileño Ronaldo, el fenómeno, sufre convulsiones y un desmayo horas antes de la final; demasiada presión a sus 21 años. Finalmente Ronaldo juega el partido pero es una sombra del jugador que marcara 4 goles en los partidos previos. El local Francia vence 3-0 y gana su primera copa. La mayor parte del equipo francés es de origen africano o árabe, lo que hace renegar de la victoria a Le Pen, el racista y xenófobo líder del Frente Nacional (hoy primera fuerza electoral en Francia). La sorpresa del campeonato es Croacia, que en su estreno mundialista (se independizó en 1991) alcanza el tercer lugar y golea 3-0 a Alemania. 

COREA-JAPÓN 2002



Ronaldo viene de dos lesiones muy serias en la rodilla, con operaciones incluidas, y hay dudas en Brasil sobre su participación. Pero su desempeño es soberbio, anotando todos los goles de Brasil en las semifinales (1-0 a Turquía) y la final (2-0 a Alemania) y terminando como goleador del torneo (8 goles). En un mundial donde no se ve fútbol de gran calidad y los arbitrajes a favor de Corea del Sur son escandalosos, Brasil gana todos sus partidos y se corona pentacampeón mundial. Cafú, el capitán, se consagra como el único jugador que ha disputado tres finales de mundial, y emociona al mundo al mostrar bajo la camiseta de Brasil una que dice "100% Jardim Irene", aludiendo al barrio pobre del sur de Sao Paulo donde creció.  


ALEMANIA 2006



Un brillante Zinedine Zidane vuelve a llevar a Francia a la final, dejando en el camino a España, Brasil y Portugal. Allí se encuentra con la ultra-defensiva Italia, que en dramático tiempo extra desbanca al favorito Alemania en las semifinales. Zidane es protagonista de la final. Primero mete un penal picando suavemente la pelota al centro del arco. Luego, en tiempo suplementario, con el partido 1-1, pierde el control por una provocación de Materazzi y le da un furibundo cabezazo en el pecho que genera su expulsión. La segunda final definida por penales esta vez favorece a Italia (12 años antes la perdió ante Brasil) y así conquista su cuarta copa. En un mundial con pocos goles, Ronaldo anota 3 y llega a 15, más que nadie hasta ahora.   


SUDÁFRICA 2010



Las "profecías" del pulpo Paul y las irritantes vuvuzelas copan las noticias, señal de que no hay mucho fútbol ni goles que comentar. La pelota del mundial (Jabulani) toma trayectorias caprichosas, haciendo sufrir a los arqueros. España gana merecidamente el mundial con un fútbol de toque, basado en el equipo y estilo del Barcelona, pero con poca contundencia: todos los partidos de la segunda fase los gana 1-0, incluyendo la final contra Holanda, que pierde así su tercera final. Devolviendo la mano de 1966, a Inglaterra le anulan un gol legítimo contra Alemania. Messi decepciona al no anotar goles en la Argentina dirigida por Maradona, que es barrida 4-0 por Alemania en cuartos de final. El demente líder de Corea del Norte manda a campos de castigo a sus seleccionados por la goleada contra Portugal (7-0).